seguridad

Una gran mayoría de los accidentes de caza se podría evitar si todos los que manejan escopetas pudieran un poco más de cuidado y cumplieran las reglas, tan sencillas, que la experiencia establece. En el decálogo del buen cazador, estas reglas figuran sintética y comprensiblemente .Pero, fuera de él, es decir, en la práctica, su vigencia es relativa. Estos son algunos de los ejemplos más comunes.

 


 

     
 


Un cazador dispara a una liebre, no apuntó bastante adelante y le rompe las patas al animal. El animal cae, pero procura levantarse y correr. Lo mas simple es un segundo tiro, mas en vez de hacerlo, el cazador imprudente corre detrás de la liebre herida, la alcanza y quiere ultimarla de un culatazo. Puede pegar en tierra y quebrar la culata, y también provocar un disparo que, teniendo él la escopeta tomada por el cañón, lo herirá en el cuerpo.

Uso de la escopeta para castigar. Hay insensatos que llegan , en un arranque de irritación con el perro, a pretender propinarle un culatazo con el arma cargada. Es un sistema muy indicado para recibir una perdigonada en el cuerpo. En la caza del pato, en casos parecidos, cuando es preciso acercarse gateando al ave, nunca hay que arrastrar la escopeta tras sí: no sólo puede entrar barro o pedazos de plantas en los cañones sino que algún yuyo se puede enganchar en los disparadores y descargar el tiro. Si dos o mas cazadores avanzan así, aumenta el peligro a que se exponen mutuamente. Resulta realmente absurdo hacerlo llevando las bocas de las escopetas en línea con los que van mas adelantados.
Al cargar la escopeta conviene acostumbrase a mirar el interior de los cañones para ver si hay alguna obstrucción: trapo o resto del material de limpieza, taco, etc. Cualquier cosa que haya quedado allí bastará para dilatar el cañón, y si la obstrucción es fuerte, puede hacerlo estallar.
Una pésima costumbre es la de llevar armas cargadas en el interior de los coches. La ley prohibe cazar desde el interior de los coches, de modo que no hay razón alguna para ir con el "arma preparada". Es un peligro permanente. No importa que esté en seguro; éste puede correrse con un movimiento de las personas que viajan, o de los perros, pues siempre el espacio es reducido, y un tiro, escapado dentro del coche, casi siempre acarreará consecuencias fatales. ¿Cuántas personas han perdido un brazo, la vista, o la vida, al sacra una escopeta cargada del interior del coche o del bote, tomándola y tirando hacia sí?.
Si el estampido suena raro o si el arma ha fallado, no hay que abrirla inmediatamente. Demórese medio minuto antes de hacerlo, y antes de volver a cargar cerciorarse de que en el cañón no haya quedado cuerpo alguno que obstruya. Puede ocurrir que el fulminante fuera flojo y que toda la carga haya tardado en encenderse y lo haga justamente en el momento en que el se abre el cierre, proyectando la vaina fuertemente hacia También el taco o toda o parte de la carga de los perdigones pueden haber quedado dentro del cañón y éste reventará con el próximo disparo.

Cuando se caza con un compañero, nunca debe dispararse al animal que le salga a él antes de que haya tenido tiempo de disparar sus dos tiros. No sólo es una descortesía: también puede ser peligroso, ya que un perdigón - resbalando sobre las plumas mas fuertes o rebotando en un hueso- puede salir en dirección imprevista y herir al compañero. Al esperar que haya disparado no sólo se procederá cortésmente sino que facilitará el propio tiro, porque se dispondrá de comodidad y tiempo para disparar con libertad, sin peligro para terceros. Hay que poner mucho cuidado cuando se caza en un monte puesto que la mayoría de los aficionados, acostumbrados a la caza en campo abierto, olvida que el peligro es mayor en el monte. Siempre hay que saber donde está el compañero para no tirar en la dirección donde se encuentra, lo que sucede muy facílmente en un momento de entusiasmo al descubrir una pieza. Por igual, téngase presente que el proyectil que usamos, bala o perdigones, puede rebotar en una rama y salir en dirección inesperada , provocando desgracias irreparables.

El alcance de las armas - máxima o total no efectivo para la caza y la precisión- es mucho mayor de lo que, por lo general se supone. Nunca debe dispararse en dirección a sitios habitados , donde quizá haya personas o animales domésticos. El perdigón llega muy lejos. Para conocer su alcance máximo multiplíquese la cifra del diámetro del mismo por 100 y el resultado dará el alcance en metros. Por ejemplo: perdigón N° 7, diámetro 2,5 mm, multiplicado por 100, igual a 250, esta cifra indica que el alcance máximo de una carga de perdigones del 7 es de 250 metros.

Nunca se debe apoyar un arma en un árbol o en el costado de un coche, donde puede caerse al ser tocada por un compañero o un perro. Hay peligro , pero no sólo de dañar el cañón, sino también de que el arma se dispare. Al colgar una escopeta de una percha o de una rama, es necesario descargarla antes, y comprobar si la rama o percha son fuertes y firmes.

Si uno carga sus propios cartuchos, nunca hay que aumentar las cargas dadas en las instrucciones que acompañan la pólvora que se usa. No olvida que con algunas pólvoras basta un pequeño aumento de fracción de gramo, por ejemplo, para aumentar las presiones en mas de 100 kilogramos por centímetro cuadrado. Las presiones de carga normales de pólvora negra son de unos 300 kilogramos por cm2 y las de los cartuchos normales cargados en Europa y en nuestro país no suelen superar los 400 kilogramos por cm2. Considerando que las presiones empleadas en las pruebas de armas de fuego para cartuchos hasta 70 mm de largo llegan a 620 kilogramos por cm2 para pólvora negra, y de 850 kilogramos por cm2 para pólvora sin humo en los calibres 12 y 16, vemos que el margen es suficiente como garantía para la estabilidad de las armas. Lo cartuchos norteamericanos, por otra parte desarrollan presiones mucho mayores. El cartucho medio norteamericano cargado con pólvora sin humo desarrolla una presión de unos 560 kilogramos por cm2 y algunos llegan a tener hasta 700 kilogramos por cm2 y más (datos tomados de "Shotguns", libro de E. Keith). Estimando que estas presiones dejan un margen bastante reducido aun para pólvoras probadas debidamente para pólvoras sin humo y exceden las de pruebas de las escopetas probadas únicamente para pólvora negra, vemos que su uso de ningún modo puede admitirse, como tampoco el de cartuchos cargados con cargas especialmente fuertes. ó la práctica diaria demuestra que hay personas que se exponen sin necesidad, contraviniendo una indicación tan lógica y sensata. Toda escopeta que tenga cañones de damasco o de los llamados "de alambre", no es capaz de soportar el empleo de cartuchos preparados con pólvora sin humo, y menos los de tipo extrafuertes. Agreguemos que uno de los actos mas peligrosos en que se puede incurrir es el de colocar un cartucho calibre 20 en una escopeta calibre 12, o un 28 en una 16.

Téngase siempre en cuenta que la caza es un deporte y un placer, y no existiendo razón alguna para que se haga de ella una actividad peligrosa. Por sobre todo , no hay que olvidar "que las armas las carga el diablo", y que por lo tanto la boca de un arma este cargada o "descargada" nunca debe dirigirse hacia un lugar donde al salir el tiro, voluntaria o involuntariamente, haya peligro de causar una tragedia."


Texto extraído de Noticioso ORBEA, N° 138